20 julio 2011
Gabriele Picco: "En las lágrimas de la gente se puede ver su pasado"

La Vanguardia entrevista al autor de "Lo que te cae de los ojos", una fábula metropolitana sobre el amor y la imaginación

Ennio es un chico introvertido que no puede llorar. Quizás por ello se sienta fascinado por las lágrimas de los demás, hasta el punto que las fotografía con su cámara. Este es el punto de partida de la novela de Gabriele Picco  protagonizada por personajes imaginativos, en una busca continuada del amor, y en una Nueva York que se recupera lentamente de las profundas heridas que provocaron los atentados del 11-S.

-¿Cree que socialmente está mal visto explicar nuestros sentimientos más íntimos como el dolor o la tristeza?
-Sí, especialmente para los hombres. Cuando un hombre llora se le suele decir, “no te hagas la niña”. Pienso que es una cuestión social, y creemos que la mujer sí que está autorizada a llorar. Somos víctimas de este esteriotipo en el que el hombre deber cumplir su papel de guerrero y la mujer en cambio tiene otras funciones más sentimentales. Recientemente, he leído estudios que dicen que antiguamente esos roles estaban invertidos. La mujer era la fuerte, la predominante. En la literatura también pasa. Si un hombre escribe sobre los sentimientos desde la ironía, es algo que se respeta mucho. Pero si un hombre dice lo mismo desde su corazón, desde las emociones, se ve como algo ridículo. Y debo decir que muchos amigos míos se han reído con el argumento de mi libro.

-El protagonista del libro está fascinado por las lágrimas. ¿Le pasa a usted lo mismo?
-Siempre me han fascinado las lágrimas. Cuando viví una temporada en Nueva York me sorprendió mucho ver cómo la gente lloraba en el metro. Especialmente mujeres que lloraban sin esconderse, sin ningún tipo de problema. Cuando veía estas personas llorar intentaba imaginar cuál era la historia que escondían detrás y cuál podía ser el motivo de essa lágrimas. En los dibujos que hago, muchas veces aparecen esas lágrimas, pero también excrementos u orina porque son cosas que salen de dentro y que van hacia fuera. Es una comunicación entre el ser humano y la tierra, y el exterior.

-¿Cree que hay demasiada gente que se guarda los sentimientos para dentro?
-Sí, muchísima, y eso acaba causando problemas físicos.

-¿Qué piensa que hay detrás de cada lágrima?
-Pienso que en las lágrimas de la gente se puede ver un mundo, árboles, montañas, ríos, pero también se puede ver su pasado, su vida. Lo importante es que el libro empieza con una lágrima y es como si el lector entrara en esta lágrima desde el principio y al final la lágrima sale y se acaba fundiendo en el suelo.

-Habla del pasado. Muchos de los personajes que conviven en su libro huyen precisamente de su pasado. ¿Somos cobardes por naturaleza?
-Puede ser, pero mi experiencia dice que la mejor manera de afrontarlo es no escondiéndose de él, ni mucho menos.

-No es el camino que elige Ennio, el protagonista, que huye constantemente de sus preocupaciones de hace años…
-Lo hace y se pasa la vida sufriendo. Él no es capaz de hablar con el hombre que tiene instalado en su barriga, y no lo hace porque es esa parte en la que tiene que pasar cuentas con el pasado y no tiene coraje para hacerlo. Pero a medida que avanza la narración aprende a coger confianza en él mismo, que es la única manera de poder afrontar todo lo que le ha sucedido sin miedo. Y al final se explica realmente lo que ha sucedido, y se ve que lo que pasa es que él siempre ha querido esconder algo que pasó hace tiempo, en este caso con una nota debajo de las plantas.

-Interpreto que todos podemos ser Ennio y que el hombre que habita en su barriga son nuestros miedos…
-Sí, exacto. Mi ex psicóloga me dijo que no es bueno ir más allá de las cosas del pasado que te hacen mucho daño, y que a veces es mejor dejar dormir el volcán porque sino aún puedes hacerte más daño.

-Los personajes de su novela tienen mucha imaginación. ¿Echa de menos esa imaginación en el mundo que nos rodea?
-Sí, realmente se echa de menos. Aunque es cierto que mis personajes son muy fantasiosos, y hacen cosas excéntricas, no son cosas que sean imposibles de hacer ni fuera de lo normal. Las hacen pero con los pies en el suelo, lo que pasa es que todos tenemos estas manías y la necesidad de desfogarnos en alguna cosa. También sucede que nosotros lo hacemos en el ámbito privado, y no nos atrevemos a hacerlo ante los demás. Me recuerda un cuento de Pirandello en el que un señor respetable que tiene una vida fabulosa, se cierra de día en su estudio con una perrita que tiene y le coge las piernas de detrás para hacerla servir de carretilla. La gente ve lo que hacen estos personajes y lo ven como algo gravísimo, piensan que están locos. Como yo vengo de un mundo más artístico y estoy acostumbrado a expresarme, no lo veo como algo tan extraño. Si lo haciera un niño no pasaría nada, pero como lo hace un adulto nos parece que está loco.


(...)

La entrevista completa, en La Vanguardia.

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